jueves, 21 de febrero de 2013

Octubre 13


  Todos tenemos un monstruo en nuestro interior solo que en algunos se mantiene durmiendo mecido por la armoniosa melodía de la vida y en otros pocos esta bestia se manifiesta en cada aspecto de la vida más hay otros casos tan raros como el que a continuación les he de contar.

   Hubo hace muchos ayeres una pareja de amantes viviendo felizmente en una modesta cabaña en las afueras de una gran ciudad, vivían de una manera muy tranquila, un día a la vez, ella una estudiante y él un simple obrero a jornada completa, por azares del destino las jornadas de él se volvieron más duras y prolongadas, ella preocupada tras algunas semanas le pidió que no lo hiciera más puesto que cada día parecía desgastarse más su condición a lo que él respondió dando un beso a su frente junto con una pequeña negativa alegando que nada era demasiado con tal de que ella tuviera lo mejor. Ella era lo que más amaba en el mundo y a ella le dolía el no poder hacer gran cosa para ayudarlo y se lo hizo saber una noche mientras cenaban. Él respondió con un tono un tanto serio que la cosa que más lo hacía feliz era el hecho de ser parte de cada uno de los éxitos de ella, que su simple sonrisa podía hacerlo olvidar incluso su penar más grande y eso era suficiente para él.

   Cada noche él salía de la casa mientras su amada dormía y se adentraba en la espesa llanura que se encontraba cerca de su casa, caminaba hasta llegar a un claro y ahí, a varios kilómetros de casa esperaba el momento preciso para dejar salir su verdadera naturaleza. Tras la mascara de rectitud se encontraba un peleador con una habilidad casi animal y un instinto de pelea que lo hacia casi indetenible excepto por una cosa, hacía varias semanas que estaba siendo perseguido y lo sabía, una noche mientras esperaba miró al cielo e hizo una pregunta al aire: "La luna está hermosa esta noche. ¿No es así querida?". Lentamente ella se dejó ver y con un gesto de duda le preguntó como se enteró a lo que él contestó: "Tantas noches recorriendo el mismo sendero es fácil reconocer cuando tus hermosos pies lo recorren", las lágrimas inundaron los ojos de la chica quien con voz temblorosa preguntó: "¿Por qué haces esto? ¿Que ganas lastimándote y lastimando a los demás?. Él simplemente respondió que le gustaba sentir la emoción de la pelea y el compañerismo del circulo de peleas, ella lo abrazó fuertemente y le pidió parar, él se negó y secando las lágrimas en las mejillas de ella le pidió no preocuparse "Solo somos un grupo de inmaduros quienes se reúnen para jugar cada noche, al final de todo nos damos la mano y platicamos camino a casa como los grandes amigos que somos todos, nadie se lastima, nadie muere, solo jugamos a ser lo que jamás seremos por la vida que escogimos tener y en lo personal mi vida contigo no la cambiaría por nada". Al llegar los demás él amablemente les dio la bienvenida y uno por uno los fue presentando, algunos conocidos, otros no, al final de todo la pareja se retiró temprano y mientras caminaban ella no dejó de mirarlo y de preguntarse lo que estaría pensando. Al llegar él la tomó de la mano y la besó. La noche se hizo más larga por causa de la incertidumbre más al momento del beso toda duda se desvaneció.

   Los días posteriores se desarrollaron con normalidad, ella tan dulce como siempre y él siempre con una sonrisa para ella. Aunque ella jamás dejó de pensar en lo que había pasado aquella noche y la posibilidad de que hubiera aun más secretos que él pudiera tener.

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